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PROGRESO

Diriamba, 11 de Nov. de 1954

     
Homenaje de Hoy a los Beneméritos de Ayer

Por: Leopoldo Serrano G.

     Reverendo Señor Cura Párroco:

Representativos de las autoridades civiles y militares:

Señoras:

Señoritas:

Señores:

     Estoy aquí ante vosotros distinguidos concurrentes, ocupando esta tribuna, correspondiendo a la invitación que tuvo a bien hacerme el patrocinador de este acto, don José Manuel de la Rocha.  Honor para mi; honor que agradezco tanto más cuanto me corresponde abrir con mis palabras esta mañana de cultura y de elevación espiritual, cual si ellas fuesen el primer capítulo, después del prólogo, que con tanta oportunidad lo ha hecho el propio iniciador de este homenaje lírico - póstumo, señor de la Rocha.

 

     Detenerse un momento en la existencia, haciendo un paréntesis en los cotidianos ajetreos, para mirar con los ojos de la imaginación de la vida y las obras de nuestros antepasados, recorriendo las páginas de la historia o rememorando los relatos de la tradición o las leyendas de un pueblo; quitando algunas, veces la página del tiempo a nombres o hechos no es anquilosamiento ni apego inseparable a épocas idas, ni tampoco imaginario punto de apoyo en ultratumba.  Es algo superior: algo que no está en pugna con el perenne devenir del tiempo; algo que no se opone a la corriente evolutiva de los siglos; es sí, veneración a nuestros mayores; expresión tangible de reconocimiento humano: signo evidente que las generaciones actuales conservan encendida la llama del recuerdo en el pebetero que alientan los hilos de luz de la tradición familiar y que hoy juntan sus pensamientos en un haz luminoso, para consagrados en homenaje de póstuma gratitud y de vivencia permanente a quienes formaron la conciencia diriambina y forjaron la estructura material de esta localidad.

 

     En el marco de este discurso, ceñido al tiempo señalando y a la discreción, no me es posible enumerar nombres ni señalar obras.  Pero en el calendario laico de nuestra historia local, cada nombre de las personas que actuaron en el escenario de las actividades diriambinas, tiene un mérito , porque indiscutiblemente cada quién tuvo un papel que desarrollar o tuvo una actuación en la cual descolló.  Errados caminos siguieron algunos, pero al final, resplandecen sobre todo, los merecimientos que les aureolaron en vida.

 

     Como caben todos los colores en el arco iris, expresión artística de la naturaleza, así quienes dieron en el pasado su energía intelectual, su esfuerzo

físico o su impulso económico a esta parcela de tierra nicaragüense, tienen sin distingo, un imperecedero recuerdo en la devoción del diriambino.  Todo: desde quienes se consagraron al taller hasta quienes buscaron en las disciplinas universitarias un Título Académico; desde aquellos que con humildad franciscana dedicaban sus vidas a enseñar a leer y escribir hasta los que en su nueva empresas agrícolas daban trabajo a muchos proletarios; desde los músicos, sencillos, que ante el pentagrama descifraban los enigmas del arte hasta el cultivador de la tierra, que también con arte trazaban los plantíos en los cafetales o los surcos con el arado, desde que iniciaban obras de progreso colectivo hasta quienes en sus arrebatos poéticos, cantaban la vida familiar local o dejaron en sus jocosidades el sello del buen humor; o en fin, desde aquellos ciudadanos enamorados del bien público, fieles cumplidores de sus deberes, estrellas polares ante propios y extraños, hasta la bienaventurados apóstoles de Cristo que regaron en tierra buenas las simiente del bien y tantas veces dieron el pan de la Eucaristía y tendieron silenciosos la mano de la caridad. Todos tienen un sitio en la galería de las remembranzas.

 

     Como sombrar que desfilan en la pantalla de sus proyector cinematográfico, así pasan ante nuestra imaginación tantos nombres, iluminados por la estrella que irradia luz de paz a los hombres de buena voluntad sobre la tierra, que a su paso por esta ciudad tuvieron alguna figuración.

 

     Sombras de los primeros habitantes de esta región.  Sombras de quienes después comenzaron a trazar hileras de casas pajizas, paralelas, para dejar en medio la callejuela.  Sombras de otros que más tarde llegaron de tierras lejanas para fusionarse con los primeros en el

crisol donde se fundió el mestizaje.  Sombras, después, de las generaciones que se vinieron sucediendo; de las generaciones que ya alentaban ansias de superación, anhelos de mejoramiento, esperanzas de vida propia.

     A Diriamba la vemos surgir así: primero el caserío irregular; más tarde de: la villa; enseguida el pueblo; y por fin la ciudad.  La Villa antigua dejando su vestuario primitivo, su MANTAS; después el Pueblo, digamos algo como a la altura del medio siglo XIX, con sus trajes de BOGOTANA; y la ciudad, seda y encajes; ansias del mono, vino, coñac y por último, champán.

    Esas sombras que quienes se sucedieron de generación en generación, nos ha dado y nos sigue dando efluvios luminosos. Ejemplos de esfuerzo humano: lecciones de trabajo y dignidad; modelos de superación y de carácter; representativos de laboriosidad de virtudes de espíritu público. A ellos que fueron: así volvemos hoy para rendirle nuestro tributo consagratorio en la historia de Diriamba; historia que inscribieron en los pergaminos del tiempo con tinta indeleble, traducida en obras de progreso público, en empresas privadas, en elevación cultural, en la magia evolutiva del artesano o en prudentes normas de organización económica.

     Esta mañana distinguidos oyentes, resulta limitado el tiempo para enjaular en las estrechez de sus minutos las elucubraciones del pensamiento ante el tema que se me discernió para desarrollar:  El homenaje de hoy a los beneméritos de ayer.  El pensamiento se eleva en las altas invisibles desafiando al espacio, al tiempo y a la distancia, para volver después a

(Pasa a la página 11 letra A)

   
   

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